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10/05/2020

Covid-19 avanza y el consulado abandona colombianos en el aeropuerto de São Paulo



Un grupo de colombianos que trabajaban en Brasil pretendía embarcar este sábado, víspera del Día de le las Madres, desde el Aeropuerto Internacional de Guarulhos rumbo a Bogotá, pero ahora permanece abandonado en medio del avance de la pandemia del coronavírus.

Leonardo Wexell Severo

Guarulhos, São Paulo/Brasil



Un grupo de colombianos que trabajaban en Brasil pretendía embarcar este sábado, víspera del Día de las Madres, desde el Aeropuerto Internacional de Guarulhos rumbo a Bogotá, pero ahora permanece abandonado en medio del avance de la pandemia del coronavírus.

Cerca de 15 hombres, mujeres, niños y niñas se encuentran en el Terminal 2 del aeropuerto desde hace por lo menos diez días y han sido ignorados, sin la oportunidad de cualquier diálogo o negociación por parte de la Embajada o del Consulado de Colombia en São Paulo.


Lo que estas personas sencillas y humildes no sabían es que el tal “vuelo humanitario” solo valía para los empresarios, ya que tenía un costo elevado de aproximadamente R$ 2.700 (US$ 470). Y, además, que el colombiano que subiera en el vuelo tenía que pagar el equivalente a otros R$ 3.000 (US$ 520) para cumplir el periodo de 15 días de cuarentena en Bogotá. Tan sólo eso.

El problema es que, venidos de  diversos estados de Brasil, ellos gastaron todos sus ahorros para llegar a Guarulhos. Y ahora, ante la insensibilidad del gobierno colombiano, duermen  en el piso y están dependiendo exclusivamente de la solidaridad de algunos funcionarios del aeropuerto y de algún pasajero para, por lo menos, distraer el hambre.

Este sábado, caía la tarde cuando estaban repartiendo un “almuerzo”, conmemorado por Juan Camilo Izquierdo como un gol. Él es volante de contención, Izquierdo está hace una semana en el aeropuerto junto al hermano Jhon James, enfrentando las mismas angustias.

El deportista entrenaba en el club de fútbol CSA, de Maceió-Alagoas con la esperanza de ascender en la vida para, así, ayudar a la familia que se quedó en Cali. “Lo que pasa es que este vuelo de humanitario no tiene nada. Es un gobierno que nos trata de forma deshumana, no le importa si somos compatriotas. Le dan exclusividad a los que tienen dinero. Mucho dinero”, relató Juan Camilo.

“Cuando llegamos al consulado nos dijeron de forma rápida y grosera: tiene dinero viaja, si no tiene, se queda. Y quedarse es dormir en el piso, intentar conseguir la comida, luchar por todo. Sin olvidar que cuando se llegue allá hay que pagar R$ 3 mil más por la cuarentena. Es un gobierno que solo quiere plata, plata y plata.”, protestó el joven deportista.

Hace más de diez días en el aeropuerto, María Victoria Carvajal ve que su desesperanza aumenta cada hora que pasa. Con la madre internada en una Unidad de Terapia Intensiva (UTI) de la clínica Colombia, en Cali, ella lucha para volver al país y ayudar de alguna forma.

Ama de casa, Carvajal y su marido Yeiner Andrés, vendedor de ropa y de tenis, tuvieron que salir del apartaestudio en que vivían hace dos años y seis meses en Recife porque ya debían dos meses de alquiler. A los dos ya se les habían agotado sus poco ahorros. Le consultaron al consulado y este les dijo que “con o sin pandemia”, el problema no les correspondía.

“El tal vuelo humanitario salió rumbo a Bogotá lleno de empresarios, pero nos dijeron que solo embarcaríamos con la autorización del funcionario, quien nos comunico el valor exorbitante. Había tres niños que logramos que fueran hospedados en una casa. Conmovidos, los funcionarios del aeropuerto nos dan alguna cosa. Hoy un señor de España se sensibilizó y estamos almorzando ahorita, a las 18 horas y 21 minutos. Cocinamos a la intemperie”, describe Carvajal.
Mientras los colombianos humildes luchan en el epicentro de la pandemia para conseguir volver a casa, el consulado está cerrado. “Estamos abandonados y enfrentando la gravedad del coronavírus sin tener ni siquiera un techo".

Luis Alfonso Aragón Flores estaba hace más de un año en la capital pernambucana vendiendo relojes, para lograr enviar “unos trescientos o cuatrocientos reales” a su mujer e hijas. La menor  tiene pocos meses y solo la conoce a través de una foto, la cual siempre carga con él. La familia es lo que lo anima, lo llena de energía y confianza, dice “porque no me puedo desanimar”.

Fue así que salió de Arcoverde, a tres horas de Recife, rumbo a la capital paulista y a Guarulhos. “Para llegar hasta aquí tomé bus, pero sobretodo tuve que caminar, fueron cuatro días a pie. A lo largo del camino conté con mucha solidaridad, las personas se conmovían y me ayudaba para el café, para el pan, para el agua en los puestos de gasolina. Porque es bueno recordar que estamos en medio del caos con este coronavírus”.

Mira la foto de la familia y cuenta cómo ha sido de difícil superarse. “Sinceramente, no estaba preparado para esta guerra, pero reúno fuerzas con este grupo que conocí aquí en el aeropuerto. Estamos juntos hace cinco días que parecen una eternidad”.

Miembro del Colectivo Roda à Palavra Paz, la colombiana Jenny Fonseca vive hace siete años en Brasil, terminando en los próximos meses el doctorado en artes visuales en la USP, teniendo como tema el conflicto armado en su país.

En su concepto, “la falta de dialogo y de información por parte de las autoridades colombianas, sumados al cinismo y a la indolencia para resolver cualquier tipo de auxilio de emergencia, deja estas personas totalmente abandonados, a la deriva”.

“Desafortunadamente, por lo que pudimos ver, la Policía Federal brasileña tuvo un comportamiento mucho más respetuoso que el del representante del consulado, quien no tuvo ningún tipo de empatía con la situación. Para él, desafortunadamente, estas son personas descartables, completamente invisibles”, concluyó Jenny.


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